FLORENCE THOMAS
(RBD)LA TELENOVELA

¿Rebeldes?
El reflejo de un mundo tomado por lo banal. Rebelde, Jesús expulsando a los mercaderes del Templo; rebelde, Gandhi denunciando la colonización por medio de la no violencia; Rebelde, Rigoberta Menchú haciendo digna la condición indígena en Mesoamérica; Rebeldes, Los Beatles cantando Let it be; Rebelde, el Che tratando en su lucidez quijotesca de tumbar la dictadura boliviana; Rebelde, la Mafalda de Quino; Rebelde, el joven que hace frente a un tanque de guerra en la Plaza de Tiananmen; Rebelde, la beat generation en Estados Unidos, que desafió el consumismo de los 50; Rebelde, Rosa Parks, quien no cedió su puesto al hombre blanco en un bus de Alabama; Rebeldes, los estudiantes del mayo 68, que gritaron: "Sean realistas, pidan lo imposible"; Rebelde, Débora Arango, con sus sarcásticas pinturas que denuncian la doble moral; Rebeldes, Enrique, Antonio, Gabo y los demás muchachos de la revista Alternativa a finales de los 70; Rebelde, Bob Dylan el héroe del folk contestatario; Rebelde, Ernesto Cardenal practicando el evangelio del compromiso; Rebelde, María Cano defendiendo las familias obreras; Rebelde, Pollock salpicando la tela de colores cargados de ruptura con los cánones estéticos; Rebeldes, los afganos combatiendo a los soviéticos en los 80; Rebeldes, los jóvenes en Woodstock; Rebeldes, miles y miles de jóvenes que, con su imaginación y creatividad, desafían diariamente el orden normativo neoliberal.
Pero, ¿rebeldes estos insípidos jóvenes mexicanos de buena familia, que juegan a la telenovela con las recetas trasnochadas del melodrama latinoamericano? No creo.
¿Cuál rebeldía, pregunto yo, puede esconderse en un grupo de muchachos sin valores éticos, sin preguntas sobre el mundo, sin otro horizonte que el pasarla bien y consumirse entre ellos? La intención de la telenovela, parafraseando a Carlos Sánchez, lejos de fomentar un acto de rebeldía estética es ante todo defender los valores del statu quo, un orden establecido, que en Rebelde se ve confortado por la celebración de un poderoso imaginario sexual masculino "la colegiala de súper minifalda y blusa escotada" o por la circulación de una pedagogía del amor construida en torno a la insolidaridad femenina.
No pretendo desconocer la importancia de un espacio de pereza increativa indispensable para la televisión: lo sé, no todas las novelas pueden ser espacios de denuncia o de ruptura y yo misma busco a veces desconectarme por un momento de la realidad en el embrujo de la pantalla. Pero qué lejos está, digo yo, esta novela mexicana de una propuesta como la de Francisco el Matemático, donde por lo menos sus jóvenes estudiantes se inscribían en el mundo que los rodeaba, lleno de dudas, preguntas y miedos, tan lejanos a la asepsia de este colegio de lujo.
Posicionar para una audiencia infantil un programa con la trama clásica de la telenovela conlleva una doble intención, cuya trama no escapa sin duda a los responsables de RCN*. Rebelde no solo propone a sus jóvenes seguidores una iniciación precoz a lo peor del mundo de los adultos, sino que, al mismo tiempo, busca ganar adeptos desde ya al formato telenovela asegurando la audiencia para el futuro. La rebeldía consumida, la rebeldía al servicio del rating. "Y soy rebelde cuando no sigo a los demás", cantan sus protagonistas; da risa, o tristeza. Andre Gide, uno de los escritores franceses más importantes del siglo pasado, decía que los rebeldes son la sal de la tierra y los responsables de Dios. Estos niños y niñas Mexicanos no son ni lo uno ni lo otro. Son el reflejo de un mundo tomado por lo banal, lo comercial y lo falsamente bello.

FLORENCE THOMAS
Nació en Rouen, Francia. Es psicóloga y magíster en psicología social de la Universidad de París. Desde 1967 se encuentra vinculada a la Universidad Nacional de Colombia como profesora titular y emérita del Departamento de Psicología; y desde 1985 es coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad del mismo centro docente, grupo que nació dentro de las políticas de estímulo al trabajo interdisciplinario de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional y cuyo objetivo principal ha sido el de generar un debate y una reflexión alrededor del tema del ser femenino.
Feminista activista, Florence es además asesora de organismos oficiales no gubernamentales en el campo de la problemática femenina y los estudios de género. Autora de varios libros, entre los que se destacan El macho y la hembra reconstruidos (1985), Los estragos del amor (1995) y Conversación con un hombre ausente (1997). Palabras en el tiempo, Genero: Femenino y La mujer tiene la palabra. Es columnista de El Tiempo desde 1999.

"Mis respetos para Doña Florence Thomas, no es colombiana, pero ha vivido mucho tiempo acá y nos ha dejado su legado, nos ha dado esperanza y nos ha enseñado una verdadera ética para vivir en armonía.."